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sábado, 20 de agosto de 2011

#7 In God We Trust Series. Y en el séptimo día descansó


"¿Quién cuida ovejas y no se alimenta con la leche del rebaño? [...] Si nosotros hemos sembrado en ustedes riquezas espirituales, ¿será mucho que cosechemos entre ustedes algunas cosas de este mundo?"

[Primera Carta de San Pablo a los Corintios, 9, 3-4.6-7.11]

jueves, 18 de agosto de 2011

#6 In God We Trust Series. Idola Theatri


“Porque tú dices: Yo soy rico y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” 

(Apocalipsis 3: 17)

miércoles, 17 de agosto de 2011

#5 In God We Trust Series. Al Niño Jesús de Praga


"Unos 45 mil metros de tela han sido utilizados (...) para confeccionar casullas, albas y mitras para el Papa Benedicto XVI, obispos, cardenales y sacerdotes que participarán en las ceremonias litúrgicas de la JMJ Madrid 2011.
(...) Hasta el momento se han elaborado 13 mil casullas para sacerdotes; mil para obispos y 60 para cardenales. También han confeccionado dos casullas y mitras para el Papa."

[Fuente: Enlace Catolico. Foto: El País]

"Te hiciste pobre para hacernos ricos con tu pobreza" 

[Oración de Benedicto XVI al Niño Jesús de Praga]

#4 In God We Trust Series. El sacramento del Orden




"El secretario de la CEE, monseñor Martínez Camino, acaba de llamar "parásitos" a los indignados del 15-M.  La JMJ «dará sujetos morales, personas, que sean capaces de construir y no solo de protestar».  Y (...) el cardenal Rouco, concede a los curas la facultas especial de levantar la excomunión a toda abortista arrepentida que se confiese durante la JMJ".

[via ReligionDigital y La Voz de Galicia. Foto: EL País]

#3 In God We Trust Series. El becerro de oro


"Y todo el pueblo se quitó los pendientes de oro que llevaba en las orejas, y los entregó a Aarón. Los tomó él de sus manos, hizo un molde y fundió un becerro. Entonces ellos exclamaron: "Este es tu Dios, Israel, el que te ha sacado de la tierra de Egipto". (...) Y Yahveh castigó al pueblo a causa del becerro fabricado por Aarón."

Exodo 32: 3-4, 35

martes, 16 de agosto de 2011

#2 In God We Trust Series. Mercaderes en el Templo



"La JMJ cuenta con 21 empresas socias, 4 patrocinadores (entre ellos, curiosamente, la SGAE), 9 empresas amigas, 62 media Partners, 4 instituciones colaboradoras (Gobierno, Comunidad de Madrid, Ayuntamiento y Turismo de Madrid) y 32 “Empresas 2011” (que aportan cada una de ellas 2011 euros al mes en efectivo o en especias para la organización).
Las empresas patrocinadoras tendrán una desgravación fiscal del 80% que en definitiva es un dinero que pagamos entre todos, pues no se ingresará a la Hacienda Pública"
[via  laicismo.org]

#1 In God We Trust Series. Almas paradas entre árboles.


"Benedicto XVI comerá salmorejo, solomillo, helado, yemas y gominolas de cerveza. Habrá aceitunas, foie, alcachofa y tabla de ibéricos y quesos. Los vinos serán un Rueda blanco, un Rioja tinto y un dulce Pedro Ximenez"
[via 20minutos.es]

lunes, 15 de agosto de 2011

Simplificar la Pedagogía. Aprendizaje cooperativo-colaborativo. ¿Resulta útil la distinción? (y ii)

[Viene de Simplificar la Pedagogía. Aprendizaje cooperativo-colaborativo. ¿Resulta útil la distinción? (i)]
  1. Pese a vivir un renacimiento a causa del desarrollo de tecnologías web avanzadas, el aprendizaje colaborativo no es patrimonio de la pedagogía, ni mucho menos de la corriente a la que con frecuencia se sindica, el socioconstructivismo. Así como tampoco lo es de la psicología. En todo caso, habría que mirar en los entresijos de la lingüística y la teoría comunicativa. Si Jürgen Habermas tiene razón, las acciones humanas, en lo que tienen de dia-lógicas, se fundamentan en la posesión de un lenguaje común y en la compartición de significaciones. Ello, además, da una dimensión práctica, ética, al propio lenguaje. Traduciendo: “colaborar” no es nada “especial” (algún tipo de adjetivo, o de valor añadido) que haya que desarrollar de acuerdo con estrictos modelos pedagógicos: es una condición del uso del lenguaje y del hecho de que las comunidades comparten a priori un contexto cultural repleto de símbolos. Va de soi con la naturaleza social del ser humano y el desarrollo de las competencias comunicativas necesarias para integrarse en un medio desnaturalizado. La antropología, o la teoría de los sistemas, con su impagable concepto de emergencia (el todo es mayor que la suma de las partes) aportan una visión, a mi juicio más certera, o menos mitificada, de los procesos colaborativos humanos.
  2. Frecuentemente, en determinadas líneas metodológicas actuales (v.g. A. Grudz en Studying Collaborative Learning using Name Networks, 2009) el objetivo a la hora de identificar y delimitar el concepto de aprendizaje colaborativo es antes visibilizar las “redes de socialidad” (lo que se denominan name networks) que explicar cómo se aprende, o por qué se obtienen resultados más satisfactorios en los procesos de aprendizaje colaborativo. Bajo esta óptica, se corre el peligro de convertir el supuesto aprendizaje colaborativo en una simple técnica de psicología de grupos, antes que en una metodología funcional, esto es, que proporcione pautas reales y operativas para el aprendizaje. Si, como en el caso de la metodología de Grudz, los corolarios del estudio dependen del resultado de algoritmos automáticos, la cuestión se vuelve más pantanosa, pues podemos sentirnos tentados a evaluar los resultados del aprendizaje en base a los estadísticos proporcioandos por dichos algoritmos (técnica del data minning a bases de datos, aplicada ahora a los contenidos de los textos generados por los alumnos en los threads de las discusiones online, en actividades de aprendizaje: pues así es como operan las name networks). Traduciendo de nuevo: ello vendría a significar que estamos más preocupados por que los alumnos se socialicen virtualmente que por que aprendan más y mejor.
  3. Muchos entornos virtuales de colaboración, es decir, creados especificamente (o al menos “nominalmente”) para groupware (gestión y coordinación de proyectos grupales a corto y largo plazo) poseen características heredadas del mundo empresarial en el que se inspiran y para el que primariamente fueron diseñados: control estricto de accesos al entorno, diagramación Gantt, milestones, procesos fuertemente estructurados con establecimiento rígido de responsabilidades, control del tiempo individual invertido en las tareas… A mi juicio, esto significa dos cosas: la primera, que asumen una visión neoliberal del trabajo y la productividad que particularmente me desagrada, y que, por cierto, impregna también la actual, o ya no tanto, noción de “competencia”. Se pueden obtener resultados grupales de calidad bajo modelos de organización que no se vertebren en torno a conceptos como los apuntados; la segunda, que carecen de una verdadera orientación hacia los productos de los procesos colaborativos. Además, se olvida a menudo que la condición fundamental para la colaboración es, según he apuntado antes, la significatividad de los elementos compartidos, lo cual apunta a que, a menos que se desarrollen auténticos entornos semánticos, los entornos colaborativos corren el riesgo de estancarse. De hecho, hay muchísimos entornos de colaboración, de pago y open source. Y también hay muchísimos entornos de colaboración…. iguales.

En la trastienda, una impresión preocupante: la de si no existirá un círculo vicioso en la consideración de los conceptos que estamos analizando: que los entornos de colaboración en línea, y las teorías del aprendizaje cooperativo o colaborativo en los que supuestamente se sustentan, en realidad presuponen como hecho anterior aquello que habrían de enseñar a desarrollar: que se entienda, implícita o explícitamente, y que se practique la colaboración. Dicho de otro modo, que la colaboración se halle ya inscrita de manera previa en el medio (el contexto sociocultural) y en el instrumento mediador (el lenguaje). Una prueba de ello es que a menudo las conclusiones de los artículos que se ocupan del aprendizaje colaborativo acaban describiendo la colaboración en términos tales como: “se trata de una filosofía…”, “un acuerdo global del grupo sobre objetivos y fines…”, “una manera de entender las relaciones en el seno de una comunidad de investigación…”, e incluso “una manera de vivir y de enfocar las relaciones sociales”. No digo que esté en desacuerdo con estas ideas básicas. Al contrario. Sólo me pregunto si para llegar a estas conclusiones necesitamos tanto discurso y tanta duplicidad. Para esta viaje no hacían falta alforjas. Pero, por encima, me pregunto si esta conclusión no será, en realidad, la única conclusión posible. Stephen Downes, ahondando en la definición de “conocimiento” fomentada por la web social, afirmaba en 2008 que éste es una emergencia (¿les suena el término?), y no un acuerdo colectivo (collective agreement) sobre hechos, opiniones, valores o creencias. En el fondo, en este modelo de socialidad global propuesto por las redes y los entornos de aprendizaje ricos en tecnología lo que existen son perspectivas individuales entrecruzadas, malladas y coexistentes. El aprendizaje colaborativo trata de fomentar valores de socialidad, sin duda, pero en realidad, como afirma Downes, estos valores, “ya se tienen”. Lo que cada miembro de un grupo aporta en un trabajo colaborativo son objetos concretos: textos, imágenes, tablas, gràficos, etc. Este conjunto constituye un bagage que queda en la red (de ahí la canción: el aprendizaje es la red). Y el trabajo colaborativo será exitoso si contribuye a aumentar la riqueza de las conexiones, igual que sucede en cualquier entorno hipercomplejo.

Creo, para terminar, que aquí reside la clave para evaluar procesos de aprendizaje: cómo, en qué medida y a través de qué medios el resultado de un proceso de trabajo contribuye a elevar la hipercomplejidad de un sistema. Y cómo, en qué medida y a través de qué medios esos procesos son capaces de crear también conexiones nuevas en la mente de quien aprende (esto último es, a mi entender, fundamental e innegociable). Si al final de un proceso de trabajo el resultado es satisfactorio en los términos en que se establecieran o presumieran los fines del mismo, ¿qué más da que se haya cooperado o colaborado? Y, si no lo es ¿quizás habremos cooperado bien, pero colaborado mal? ¿O al revés? Ya dije que no quiero negar la validez de la distinción en todo contexto imaginable; lo que sucede es que mantenerla me parece formalmente insustancial. Admito mi dificultad para ir más allá en el análisis. Por lo que debo dejarlo aquí.