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domingo, 20 de febrero de 2011

Deduce el resto, porque eres inteligente (o diez argumentos para, por lo menos, pensártelo)

Lo siento. No tengo vocación apostólica, o la voy perdiendo. Cada vez soporto más a disgusto mantener las redundantes conversaciones sobre tecnología en el aula sí o no. Y los aún más manidos argumentos: no sé, no va, la administración no me quiere, todos no tienen Internet, las redes sociales son malas, me puedo meter en un lío si cuelgo un vídeo, no tengo tiempo (aunque debo admitir que, en mi opinión, el factor “tiempo”, en sus múltiples determinaciones, es el gran olvidado de los que de un modo u otro, con más o menos matices, somos edutecnofílicos)…
He vuelto a tener una de esas peloteras hace pocos días, y cada vez me digo que será la última. No sé cómo exponer mis argumentos, así que voy a ponerlos en sencillo y encadenado orden de aparición mental, sin pretender, como recomendaba el último Rousseu (que, por renuncia expresa a su “personalidad” habría que llamar ya Jean-Jacques), escribir más que para mí mismo.
  1. Todos somos hijos de una época: cuando “entraste” en el sistema (el educativo), siendo jóven, había maestros y profesores que apostaban por la tarima, el bedel pasando por las aulas para indicar que habían terminado las clases, las reválidas en todos los niveles habidos y por haber y las evaluaciones sin voz ni voto (o sea, veto) a los alumnos. Esos argumentos te daban pavor, te parecían rancios. Tú no eras así, tu tiempo no era ése, y no querias seguir participando de ese modelo educativo. Ahora han entrado ya varias generaciones detrás de ti. Hijas de su tiempo, como tú. Deduce el resto, porque eres inteligente.
  2. Pregúntate para qué educamos en los primeros niveles del sistema educativo: para socializar. ¿Y en el siguiente? Para seguir socializando, pero ahora también para fomentar hábitos y estructuras mentales coherentes y críticas. Capacidades. No formamos expertos en filosofía, en matemáticas o en biología. Pero es más: nunca (ni en los tiempos de las tarimas) lo hemos hecho. ¿Cuáles son en el presente los medios de socialización? Fácil: los que realmente están posibilitando cambios en los modelos transmisivos lineales que odiábamos los progres de los ochenta. Esos son los nuevos media. Deduce el resto, porque eres inteligente.
  3. Pregúntate por qué no es posible el paso de la tiza y los problemas a la tiza digital y los problemas digitales. Aquí te estoy pidiendo realmente poco. Quizás otros no, pero yo estaría dispuesto a aceptar, en principio, que fuera sólo (aunque fuera sólo) una simple trasposición. Ya habrá tiempo para otras cosas. En tus clases seguramente se dialoga con fines educativos (¿o no?). ¿Crees que no es posible trasladar ese diálogo fuera de ellas? Deduce el resto, porque eres inteligente.
  4. Creo sinceramente que los contenidos están exagerados en los curricula. ¿Quién acaba el libro de texto? Y si lo acaba, ¿en qué condiciones? Diferencia entre la tranquilidad de tu conciencia y la tranquilidad de la conciencia de tus alumnos. En las interminables discusiones, cuando se refieren al bachillerato, acabamos inevitablemente ante la selectividad, que no sé por qué se llama PAU en catalan. Si crees que una nueva metodología tecnológica es inoperante para tus “objetivos” educativos es porque crees que traes una mejor. Si crees que con tus comentarios de texto, los exámenes tema a tema y tus problemas de cálculo los alumnos aprobarán la selectividad, debes recordar que un 96% la aprobaban, la aprueban y, por extensión, la aprobarán. Si crees que este argumento refuerza tu posición, relee el punto 2. ¿Cuál es el objetivo de la educación? Deduce el resto porque eres inteligente.
  5. El miedo es el principal aliado del inmovilismo. ¿Miedo a no saber bastante? ¿al fracaso estadístico? ¿al cambio, simplemente? Relee el punto 1. Deduce el resto, porque eres inteligente.
  6. Procura que tus argumentos estén respaldados, hasta donde sea posible, por lo que se sabe científicamente del mundo digital, y no por lo que se sospecha de él. Es muy cierto que existen estudios que prueban casi cualquier cosa, pero eso es una cosa y la demagogia otra. Digo esto en el marco de los nuevos escenarios comunicativos que son las redes sociales. Los porcentajes de “peligro” son escandalosamente bajos, los potenciales cognitivos, insospechadamente elevados. Acepto la infantilización como argumento, sólo si eres capaz de decirme cuándo las relaciones sociales, también las educativas, en niños y adolescentes no han sido infantiles, y si no crees que nuestra tarea ha sido siempre combatir la infantilización con formación. Deduce el resto, porque eres inteligente.
  7. Hay un punto que para mí es crucial: quizás la presunta infantilización cognitiva es correlativa de la fase infantil de la tecnología (curioso que esta fase infantil sea ya una fase “post”, aunque éste es otro tema). Es el descubrimiento del juguete nuevo que nos alucina con tantas posibilidades que el “mira lo que hago” se impone al “mira por qué lo hago”. Pero esto pasa, como pasa la edad de los cuentos, aunque se afirma que es más feliz quien no deja nunca de creer del todo en ellos. Pero, de nuevo, no sé de quien pueda ser responsabilidad, sino de los docentes, acelerar el tránsito de la fascinación de un juguete a la explotación de sus posibilidades. Deduce el resto, porque eres inteligente.
  8. Las familias y la sociedad no ayudan. Correcto. Te diré más, bajo mi punto de vista  no esperes que lo hagan en un futuro inmediato. Muchos padres y madres están tan fascinados como sus hijos por el juguete nuevo. Y eso, que debería ayudar, no lo hace. Nosotros ya no tenemos el arma de la prohibición, ni la de la sanción: ése es el terreno de juego y si no te gusta no deberías haber comenzado el partido. Pero nadie te pide tampoco esfuerzos titánicos, ni que cambies el mundo. Quizás cambie si, en vez de vociferar tanto que vamos a cambiarlo, nos olvidamos de ello y nos dedicamos a hacer pequeñas cosas (entre ellas ignorar muchas obligaciones admintrativas). Si te gusta la idea de la rebeldía, piensa que es posible una “tecnología de resistencia”, de resistencia frente a la infantilización real, que procede del desconocimiento, el consumo indiscriminado de mensajes y la inacción administrativa y familiar en materia de formación tecnológica. Deduce el resto, porque eres inteligente.
  9. No puedo olvidarme del “esfuerzo”. El esfuerzo que echamos de menos, la cultura de la responsabilidad y del sacrificio. Desde siempre he sido más epicureo que estoico, pero, bien entendu, el placer también es hijo del trabajo. Acepto la necesidad de que los alumnos se esfuercen, de que trabajen, de que creen cosas y se comuniquen, que rompan el aislamiento al que les somete la actual concepción de los centros y las disciplinas, que pongan en valor la privilegiada situación que consiste en poderse educar como jamás en la historia. ¿Pero, cómo no iba a aceptar todo eso? No me hagas tan estúpido ni simplifiques mis razones. Sin embargo, ¿estás tu dispuesto a aceptar el esfuerzo que se te pide para que seas hijo de tu tiempo? Deduce el resto, porque eres inteligente.
  10. Y si no quieres ayudar, por lo menos no molestes.