Páginas

domingo, 24 de julio de 2011

La Filosofía en el hipermercado (i). Patafísica, patáfora y virtualidad.

“…como insólito fue el desenlace del affaire Calvocoressi: cuando, tras sucesivos y jamás bien aclarados aplazamientos, la exposición franqueó sus puertas al gran público, la congregación de personal, impertérrita y mansa durante horas allí afuera, sufrió de súbito una innombrable conmoción que dio al traste con la figura del mítico Calvocoressi. Pues en verdad ¡quién no sentiría un hondo bamboleo allà abajo, en el nivel de las creencias edulcoradas por los siglos, al contempar, en rigurosa disposición, Leonardos mancillados, Rembrandts profanados, Braques escarniados…! Como si nada importara ya, allí, en aquella exposición que sería recordada en adelante, y por los siglos de los siglos, como un falansterio de herejía, figuraban, tachadas con energía las firmas originales y sustituidas por la del tal Calvocoressi, las obras más grandes de los más grandes genios que en la historia fueron”.
J. Billard. L’affaire Calvocoressi. Paris. 1990


La Filosofía ya puede inventar sus fuentes. Con la clausura del pensamiento crítico a manos de Bataille o Roussel, con la clausura de la razón normativa a manos de Luhmann, con la clausura del sujeto-autor a manos de Raussenberg, Derrida o Cage, toda una epistemología que se expresó primero como Filosofía (Hegel), luego como Economía Política (Marx) y más tarde como Teoría de la Sociedad (Escuela de Frankfurt) se ha venido a pique. Tras una teoría crítica de la sociedad, hoy no queda lugar más que para una teoría simulada de la sociedad. Teoría de la ficción y del espejo curvilíneo.

Si la razón, en el ejercicio de su crítica histórica, no logra apresar los efectos inversos que se producen por doquier (dado que permanece presa, absorta, en su propio circuito legitimador, compuesto por metarrelatos, despreciando la posibilidad de que lo real ya no funcione a base de narrativas, precisamente ahora, que todo es “expuesto” en la forma de narración), tal vez no tenemos mejor tarea que inventar una teoría surrealista o expresionista de la sociead, una teoría dadaísta del conocimiento, como Feyerabend, o una teoría teatral de la historia (Hayden White propuso hace tiempo que los historiadores utilizaran modos de expresión procedentes del arte para exponer sus resultados).  En todo caso, antisistemas teóricos que procedan “por anticipación”, orientados antes hacia una estructura del intercambio ritual, pragmático, de símbolos, que hacia el consenso, los universales y los referentes estables.

En este trazado imaginario, en este teorizar sin historia, quizás las fuentes podrían inventarse (el único requisito para su “verdad” es que produzcan algún efecto en la esctructura de intercambio de la que forman parte). La edad lineal e icónica del signo (tanto da significado como significante) ha dejado paso a la edad de las relaciones intercambiables, de las representaciones transicónicas (semiotización ilimitada, múltiple, decía Eco). Particularmente visible en la teoría actual sobre la virtualidad y la fragmentación del conocimiento en nodos, lo que ha sucedido ahora es que la noción misma de representación ha alcanzado ese punto en el cual cada objeto puede vivir eternamente semiotizado, sin entrar en modo pausa (lo que supondría el colapso y la muerte simbólica), produciendo representaciones, proyecciones de sí mismo, liberando energía débil en una malla digital sustitutiva. Ahora las cosas pueden vivir eternamente estando unas en el lugar de las otras. Como en un museo de réplicas, hoy somos informados de modo general de lo que ya nos advirtió la semiótica hace décadas: el fin de toda relación real entre el signo y su objeto, el fin del amor. Este fin se expresa como el final de los procesos y avatares de la “verdad” en el horizonte de lo real. Periclitada la experiencia de lo verdadero, de lo auténtico, el sujeto de derecho y razón de la modernidad, asociado a esa experiencia, pierde sus derechos y ve cancelada su racionalidad. Y, puesto que los primeros dependen de la segunda, este sujeto ya no es capaz siquiera de asegurar su propia reproducción simbólica a través de la conmemoración de los grandes gestos de la modernidad: el bien común, el progreso, la solidaridad, la objetividad del conocimiento…

El sujeto, plano discursivo en el que se creía tradicionalmente materializada la relación teoría/praxis, no es ahora más que el lugar ficticio donde se refleja ese vacío interactivo. A la relación real de los conceptos con sus referenciales sucede ahora la relación simulada de las ficciones, la relación póstuma de las ideas con sus modelos. Y en la lógica de los modelos, los “originales” son sustituidos por las series, y la reproducción por la serialización. La única posibilidad aquí de innovación es la aparición de un error serial, la deserialización por la redundancia y la repetición (¿recuerdan Diferencia y Repetición, de Deleuze?). Si desaparece el sujeto como unidad semántica (la unidad metafísica desapareció con Hume), todo lo que en él confluía se vuelve eternamente transferible, incluidos los deseos.

Ya no podremos, pues, esperar de la Filosofía ninguna clarificación racional de la experiencia, así que nuestra disciplina se verá constreñida hacia el universo de sus propias ficciones: apoyarse en hechos que todavía no se han producido, o distorsionar y reinventar los argumentos que ya se produjeron. El valor de uso del autor-racional deviene a toda velocidad una forma execrada y decadente de su valor de cambio. Sin embargo, sólo entonces es posible asimilar la figura del filósofo a la enormemente más creativa del escritor: se trata de “un comodín, un maná, un grado cero, el muerto del bridge” (Barthes). Esta es la nueva paradoja del pensamiento: el precio que debe pagar la filosofía para seguir analizando lo real es reconvertirse en una teoría de las multiples combinaciones transicónicas de los objetos de conocimiento, una teoría de la ficción, al más puro estilo nietzscheano, pero, en una órbita contemporanea, también una teoría de la producción de series deserializadas y fragmentos. Una noética de la vida feliz en ausencia de información fiable, de fuentes legítimas y de coherencia epistemológica. “De ahí partiría -dice Baudrillard, evocando a Alfred Jarry- el sentido literal de una patafísica o ciencia de las soluciones imaginarias, ciencia de la simulación e hipersimulación de un mundo exacto, verdadero y objetivo, con sus leyes universales, comprendiendo en ellas el delirio de aquellos que lo interpretan según esas leyes”.

La construccion de identidades digitales sobre el colchón, lejano ahora, constituido por el referente real que llamamos identidad física, sigue los mismos patrones que la patáfora, especie de versión expandida de la patafísica de Jarry. La extraordinaria potencia y capacidad del avatar para arrancar la identidad del cuerpo, sin parangón conocido en la historia, permite (des)multiplicar los escenarios en los que se desarrolla el juego de los intercambios virtuales. El propio mundo de las remezclas, la redundancia y la reapropiación de informaciones dificiles de asignar a un sólo individuo da pábulo a un análisis inverso, según el cual lo que se produce realmente es una desidentificación, y, dicho sea de paso, también una desintensificación de la noción fuerte de sujeto, que queda, en este mundo feliz, eximido de la responsabilidad de producir la historia.

Asimismo, la patáfora deviene una suerte de antiparadigma (por su carácter histriónico y simulador) de lo que se denomina ahora realidad aumentada. Un espacio en el que convergerían, sin la nostalgia del “y yo más”, los dos planos históricamente escididos por la metafísica: el sujeto material (res extensa) y las entelequias y hologramas fruto de sus creaciones mentales (res cogitans), que ahora se lapan a él, o mejor, a su representación débil, en forma de código QR, como buscando una expresión superior, simbiótica del sentido.

[Continuará]

4 comentarios:

  1. no lo hubiera... o hubiese ... expresado mejón... ;-) salú y aprendizaje en red ...

    ResponderEliminar
  2. ¡Gracias maestro! Siempre espolonea hablar con usté. Las ideas brotan y bullen.

    ResponderEliminar
  3. Tras el 'brainstorming' de esta mañana, coincido con el comentario de @eraser.
    Felicitats.
    @xiscolir

    ResponderEliminar
  4. Gracias, sr. Esperen, esperen a la segunda parte, que esta vez no tardará ná :-)))

    ResponderEliminar

Deja aquí tu comentario...