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lunes, 24 de agosto de 2009

Aceleración/Repetición. La muerte en tiempo real


En esta era de idealidad de los modelos, se ha impuesto la aceleración como nuevo absoluto. Paul Virilio habla primariamente de la velocidad, pero sabemos que ambas sólo se diferencian si las referimos a una unidad discreta de tiempo. La aceleración, en tanto concepto, desborda las categorías clásica de análisis, pues remite a una escalada de los acontecimientos fuera de los ciclos lineales, hacia sus extremos, en una tensión permanente para salirse por ellos. En los sistemas de comunicación y taxonomización virtuales, como el microblogging o los agregadores, es frecuente encontrarse con que las cantidades de “choques informativos” acaban por desmentir el objeto y el sentido de las herramientas: aquello ideado para comunicar aniquila la comunicación por la proliferación exagerada de mensajes. Aquello ideado para ordenar y filtrar la información resulta tan eficaz que nos devuelve, clasificadas, miles de entradas que finalmente marcamos como “leídas”, por imposibles de leer. Sólo soportamos el orden de lo concreto, pues el orden que supera la escala de lo humano es equivalente al desorden. La aceleración conduce a la muerte (también lo dice Virilio), produce la muerte por exceso, por inflación de sentido, y nos devuelve el cadáver de nuestros conceptos, igual que los cerdos ahogados emergen tras un tiempo a la superficie, hinchados y morados.

La aceleración, en tanto principio de realidad, obliga a los acontecimientos a escapar de las determinaciones de la historia, que siempre tratan de reinvolucionar todo proceso hacia lógicas lineales. Por eso, la aceleración proporciona descripciones “ideales” de los procesos sociocomunicativos (y productivos) en la era del postcapitalismo: la proliferación logarítmica de objetos, pero también de micrologías y legitimaciones, supone una nueva metafísica ajena al principio histórico de realidad. Las cosas y los sujetos tratan de escapar de su radical materialidad acelerando. En tánto móviles, nuestras prácticas y nuestras “inscripciones” sociales son proyecciones telemáticas que anulan la idea de un tiempo de reacción, dado que este tiempo, a imagen de los microprocesadores, es rápidamente reutilizado y optimizado para producir más sentido. ¿Qué es, si no, la idea de una web en tiempo real? Esta idea resulta atractiva porque, de materializarse, escenificaría la transparencia absoluta, la producción absoluta, en su sentido puro, fuera de cualquier espacio, fuera de cualquier perspectiva y, por tanto, de cualquier sistema de representación (o teoría).

Estamos ahora en este boiling point. La aceleración clausura toda una representación del tiempo y, desde una clausura tal, cualquier cosa puede ser deducida de iure. De ahí la escapada sistemática de los acontecimientos a las predicciones, y el desmentido constante de las leyes sociales. De ahí también la vehemencia de los nuevos gurús de lo digital en producir más teoría. Paradigmáticamente, ni siquiera el discurso que pretende reencontrar una moralidad y una verdad en las nuevas prácticas virtuales consigue escapar al principio de la aceleración. La repetición transhistórica de actos comunicativos y la serialización de los comportamientos en las redes no revelan una nueva verdad depositada ahora, por fin, y gracias a la tecnología, en lo social, en lo colectivo: sólo provocan un desvanecimiento del sentido, una “inconsciencia” del mundo.

El principio de la aceleración es correlativo de la reproductibilidad técnica del mundo. La conversión de lo real en virtual y la subsiguiente obsolescencia de la propia oposición es consecuencia de los procesos de digitalización no sólo de la información, sino también de las actitudes, exhibidas ahora como expresión de una personalidad imaginaria, el avatar, que se desea hacer pasar por verdadera. De la digitalización y de la valorización económica de la información digitalizada en una economía de tránsito (el nomadismo del valor, o el gateway value). Cuando hablamos de lifestreaming estamos anticipando ese estado de las cosas en el que lo "real" se habrá vuelto inservible en tanto referencial objetivo. Estas operaciones colectivas on the cloud son, otra vez, aceleración hacia lo que, aún sin haberse producido, ha anticipado ya todas sus manifestaciones en el modelo. Sin sospecharlo el hombre occidental, los japoneses nos habrían ganado por la mano, en este sentido. Quizás toda esta trama contra la realidad no sea más que una gigantesca trampa del Sol Naciente, que consiste en devolver ahora el barroquismo técnico, principio de realidad del Occidente contemporáneo, contra sus propios ideólogos. Una maravillosa hipótesis, la de la venganza del Imperio del Sol. Los japoneses, decía el fenecido Umbral, poseen en secreto un mundo a escala, meticulosamente reproducido en imágenes y recompuesto milímetro a milímetro. Maestros de la copia, de la repetición más terriblemente ahistórica que pudiera imaginarse, los propios japoneses son la quintaesencia suya.

Aceleración y repetición recurren entre sí. Pero el límite de la traslación de los cuerpos es su misma disolución en la espera total, en el equilibro perfecto. Un universo detenido por encima “de todas las movilidades”, parmenídeo y organicista a la vez, en el que toda legitimación de nuestros actos ya no remite al Logos, sino de nuevo al Mythos.  Cada puesta en marcha, cada “arranque”, cada “partida” reproduce por anticipado el final definitivo, convirtiéndose así en modelo del reposo absoluto: “la pequeña muerte de las partidas, la rapidez del desplazamiento equivale ahora a la desaparición de la fiesta sin mañana del viaje y significa, para cada uno, una suerte de repetición en diferido del último día”.

Así se clausura la historia y lo histórico: sin finalidad aparente, sin causa, visible o imaginable. Esa repetición nada tiene que ver con la deleuzeana. No tiene depresiones; más aún, no es real. Se trata de un efecto especial, una forma extraña de producción del mundo, ajena a las coordenadas: un movimiento ideal, sin profundidad , sin campo y sin sujeto.

Y nosotros, deliciosamente trasladados al mundo fractal de las posibilidades indecidibles, el virtual, nos encontramos suspendidos en ese punto: alejados por igual de la reinvolución en la historia y de su superación. Una repetición sin diferencia: es todo cuanto es capaz de producir nuestra flamante y recién estrenada naturaleza en la socialidad-red.

Buen rollito :-)

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